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Hace 74 años exactos Pablo de la Torriente Brau perdió su vida en los campos de Majadahonda, España, luchando por una causa que consideró justa: La Guerra Civil Española.  Indiscutible periodista más allá de los rigores de la Academia, Pablo es de esos hombres cuya pluma impacta. En particular, me atrevería a afirmar que, como precursor de la vanguardia, se adentró en un tipo de Periodismo que, por su originalidad, no ha tenido un igual dentro de Cuba.

La vida obligó a Pablo a enfrentar difíciles situaciones que lo llevaron a reflejar sus creencias y experiencias en el papel. Una novela inconclusa titulada Aventuras del soldado desconocido, cuentos, crónicas y diversos testimonios denunciaron la dictadura machadista, los horrores de la Guerra Civil Española y todo aquello que consideró una injusticia.

Entre los relatos más desgarrantes de Pablo resaltan aquellos que escribió durante sus 27 meses de presidio, entre los años 1931 y 1933, en las prisiones del Castillo del Príncipe y La Cabaña, en La Habana, y en la cárcel de Nueva Gerona y Presidio Modelo, en Isla  de Pinos. En ellos, Pablo mostrará una madurez incalculable en la concepción ideo-estética de sus relatos, al tiempo que su experiencia participativa aflorará a cada instante, para aportar mayor sinceridad a lo que cuenta.

Por la importancia de Pablo para Cuba y con motivo de una aniversario más de su muerte, les presento un análisis que hice de tres de estos relatos: “La noche de los muertos”, “El tiempo” y “Las Pupilas”.
Tres maneras, una motivación

Si se fuese a determinar el espacio en el que se desarrollan estas tres narraciones, tomaríamos el escenario de la cárcel, vista no solo como lugar donde transcurren los hechos, sino también como gran línea temática y motivo para que el autor presente el modo en que transcurre la vida de los prisioneros. Esta idea refleja algunas de las transgresiones de la literatura de vanguardia en Cuba, o sea, la exploración de zonas y temáticas poco o nada abordadas anteriormente en la literatura cubana (en este caso la cárcel) y la presentación de personajes marginados de la estructura social dominante (los prisioneros).

Dentro de esta línea común, existen diferencias en los temas abordados específicamente por cada historia. El primero de estos relatos, “La noche de los muertos”, pretende reflexionar acerca de la relación sueño-muerte, presentada por el autor como una contradicción entre “lo que parece ocurrir” y “lo que ocurre en realidad”. Pablo propone una triste metáfora: el sueño, único momento de supuesto descanse y tranquilidad en la vida de un presidiario, es también una forma de muerte.

“El tiempo”, como su nombre lo anuncia, se acerca al terrible significado que llega a alcanzar esta palabra para un preso; incomparable, según Pablo, a lo que podría llegar a ser el pasar de las horas para un astrónomo o un historiador. A través de una traslación de características humanas a elementos relacionados con el tiempo, muy bien lograda desde el punto de vista metafórico; Pablo demuestra porqué, en condiciones de presidio, el tiempo se convierte en el principal factor que incide en las preocupaciones, angustias e incertidumbres de los prisioneros, en la preocupación constante por no poder ver un mañana. Esta temática es tratada por Pablo en otros de sus relatos del presidio, tal es el caso de El cofre de granadillo, en el que uno de los personajes le regala al narrador un pedazo de madera de granadillo- que de acuerdo con el contexto en el que lo presenta el autor pudiera considerarse un símbolo- por miedo a que éste no pudiera ser aprovechado nunca, debido al tiempo que le faltaba por cumplir en la cárcel.

En “Las pupilas”, se describen con cruel realismo las escenas de la explotación de los prisioneros, pero no desde la manera habitual. Los hechos son presentados a partir de la lectura en los ojos de un presidiario, convertidos para el narrador en pantalla cinematográfica. El relato evidencia que lo bárbaro y lúgubre de la cotidianidad en una cárcel no puede ser descrito de mejor manera que a partir de los sentimientos de quien la sufre.

Esta idea de percibir imágenes en los ojos de un protagonista podría recordarnos el cuento de Onelio Jorge Cardoso El caballo de Coral, en cuyo final  el narrador-personaje encuentra al caballo en los ojos de aquel muchacho que miraba constantemente al mar en busca de ese animal que tanto añoraba encontrar. El caballito podría ser visto como un símbolo de las ilusiones que pueden mover la vida de los hombres. Entonces, tal y como el caballo pudo aparecer en la mirada de aquel hombre que tanto sentía y vivía por él, el narrador de “Las Pupilas” ve, a través de los ojos del prisionero, el dolor profundo de las imágenes que describe.

En “Las Pupilas” también se defiende la tesis de la bestialidad que alcanzan los hombres en situaciones desesperantes, al punto de que el objetivo de cada quien se convierta en una constante lucha por su supervivencia. Plantea Pablo: “Cada uno, en la desesperación de vivir, se hace cómplice del secreto asesinato del otro. La competencia macabra se prolonga, interminable, como un hilo desenrollado de un carretel.”

El narrador, los personajes… la historia en sí

En “La noche de los muertos”, aparece un narrador- personaje que nos propone un monólogo a partir del cual estudia la conciencia de sus compañeros dormidos, “la vida que llevaban en la muerte”, en palabras de Pablo. Así, a partir de la observación de cada movimiento, atribuye posibles significados. La propuesta final es un relato que encierra un profundo misterio y nos contagia del miedo que siente el personaje al caminar por el pasillo y ver los rostros de sus amigos; que creen dormir, pero en realidad están muertos. Se da una especie de juego entre fantasía y realidad que hace que Pablo no sepa a ciencia cierta lo que ocurre en el presidio, y que sienta miedo a dormir (o a morir).

Por su parte, en “El tiempo”, el narrador opta por exponer sus ideas, más allá del acto de narrar, lo que hace que el relato pueda entenderse como una reflexión. Una vez más, aunque el autor en un inicio habla de una manera impersonal, en la medida en que avanza la historia no es difícil sospechar que la crudeza y sensibilidad del discurso no puede venir de alguien que no haya participado de lo que cuenta. Por ello, si en un inicio Pablo renuncia a estar presente directamente en la historia, al final aparecerá como narrador-personaje.

La historia se articula a partir de la atribución a objetos inanimados y sustantivos abstractos acciones características de los seres humanos. Así, el tiempo es para Pablo el señor absoluto, es, digamos, su personaje protagónico. Para cumplir sus objetivos, este personaje se apoya en una serie de colaboradores: el almanaque y el reloj, quienes además se nutren de ayudantes de campo: la corneta, y de agentes secretos: el cansancio, el sueño y el hambre. Además, aparece un último personaje que aporta a la historia mayor realismo, dureza y a la vez sensibilidad: la esperanza, según Pablo, uno de los vicios irremediables del hombre preso.

“Las Pupilas” parte de la intención de narrar con imágenes. Vuelve a emplear el recurso del narrador en primera persona, como un personaje más del relato, pero este pierde protagonismo ante el contenido de las imágenes que es capaz de describir. También, lo que cuenta la primera persona nos llega a partir de los sentimientos de una segunda. Esta segunda persona es Daniel Pérez Díaz, que se presenta como el número 13 876, su identificación como prisionero. Este hombre conversa con el protagonista y a través de la intensidad y sinceridad de sus palabras, es capaz de reflejar tanto lo que siente en sus pupilas, que para Pablo constituyen la metáfora perfecta de una pantalla de cine.

El montaje de la historia

Durante la lectura de estos tres relatos analizados, más allá de la creatividad con la que se abordan las historias, asistimos a dos características comunes: el tono angustiado del narrador- personaje ante los hechos (un narrador que se convierte en juez y parte) y el objetivo de  denunciar la propia realidad que presenta. Este carácter documental me hace percibir dentro de estas historias un vínculo muy claro entre elementos de la literatura y el periodismo; que son, a fin de cuentas, recursos del lenguaje.

Si analizamos el montaje de las obras estudiadas, sería importante ver “Las pupilas” como un relato que trasciende por la interesante concepción de su estructura. Pablo idea un texto que no se basta a sí mismo en sus palabras, sino que necesita trascender al ámbito del cine. Este recurso de la intertextualidad, la inexistencia de fronteras entre uno y otro arte, permite entender la narración como una perfecta película en la pantalla de los ojos de uno de los personajes. De hecho, “Las pupilas” inicia el conjunto de relatos del presidio que el autor tituló Escenas para el cinematógrafo.

Particularmente novedoso resulta el final de “Las Pupilas”. Después de una desgarrante narración acerca de la increíble y triste vida en el presidio, el autor opta por la utilización dentro de su obra de otro texto. Aparece así otra vez el recurso de la intertextualidad, pues Pablo cita una carta enviada por el protagonista al médico del penal. Esta alusión a documentos podría valorarse como de clara intención periodística, una prueba del deseo que siempre acompañó a Pablo de documentar la realidad. La carta es el elemento que muestra la culminación total de la desesperación del personaje-pantalla de cine, pues muestra cuánto había sido capaz de rebajarse Daniel Díaz, para que el médico intercediera por él.

En “La Noche de los muertos”, luego de la tensión que provoca la intromisión del narrador en la psicología de cada uno de los muertos- dormidos, el desenlace llega a que  el único que pareció burlar la muerte durante la noche, fue quien en realidad murió. En el texto se acude a la utilización de un símbolo, la mariposa negra, que se posó esa noche sobre el cuerpo del fallecido. Esto podría interpretarse como un símbolo de muerte.

Por último, “El tiempo” ensaya una especie de prosa poética, que cierra el texto en la misma reflexión que le da inicio, como si el punto de inicio fuera también el punto de conclusión. Es un texto circular, cerrado; en el que predomina la exposición y la reflexión.

Además de la intención de Pablo de narrar los horrores del presidio en estos relatos, el presente análisis muestra la calidad artística que acompaña al autor. Un ritmo composicional que responde a la intención de lo narrado, la presencia  de símbolos, la personificación de objetos y estados, metáforas creativas y estructuras novedosas… hacen de estos textos un testimonio artístico y desgarrador de una dolorosa página de nuestra historia.

Consulte además:
Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau
Ruth de la Torriente: Una vida cuidando un apellido

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