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Hemingway junto a Fidel Castro durante su encuentro en el torneo de la pesca de la aguja en el año 1960

Hemingway junto a Fidel Castro durante su encuentro en el torneo de la pesca de la aguja en el año 1960

Sencillez en su mirada, una sonrisa y el acento de quien se reconoce en el español pero la tradición de su lengua materna lo ata. Mira de reojo al periodista norteamericano como él, analiza cada una de sus preguntas en idioma español, se regodea, aunque no tarda en responder con la seguridad de siempre. De pronto, muchos en la audiencia quedan callados. Ernest Hemingway acaba de decir lo inesperado: “Me siento muy feliz de ser el primer cubano sato en ganar el Premio Nobel de Literatura.”

Esto ocurrió en 1954 y fue la primera vez que el autor de Por quién doblan las campanas se reconocía públicamente como cubano. Quizás algunos nunca llegaron a comprender su actitud, pero lo cierto es que Hemingway había encontrado en Cuba la verdadera fuente de su creación.

Fue en la primavera de 1928 cuando el Papa Hemingway tocó por primera vez nuestro suelo patrio y le bastó conocer la atrayente atmosfera habanera para quedar encantado con ella. Luego, el hotel Ambos Mundos, la Finca Vigía, Cojímar devendrían testigos inigualables de su presencia.
AMBOS MUNDOS
Curiosamente, y quizás por su lejanía de los centros citadinos, la casa donde vivió por muchos años Hemingway en San Francisco de Paula, Finca Vigía, no es el sitio más visitado por los interesados en saber del Papa. Ese lugar lo tiene el hotel Ambos Mundos, ubicado en la calle Obispo, en el mismo centro de La Habana Vieja.

El Ambos Mundos fue el primer hogar del autor de El viejo y el Mar en Cuba durante los años 1932 y 1939. Una vez comprada Finca Vigía, se dice que Hemingway volvía una y otra vez a hospedarse en la habitación 511 de este hotel. Estar allí era sentirse parte de La Habana, era estar cercano a un daiquirí en el bar Floridita, codearse con miles de personas humildes, formar parte del bullicio que sirvió de inspiración para su obra, de una ciudad que lo iba envolviendo poco a poco.

Para el año 1939 Hemingway encontró Finca Vigía. Anclada en San Francisco de Paula, este terreno de 4.3 hectáreas no despertó interés en el escritor la primera vez que su esposa de aquel entonces, Marta Gellhorn, se lo propuso como lugar de residencia. La notable lejanía del lugar con respecto a los escenarios citadinos que acostumbraba preocupó al aventurero ¿Cómo renunciar a los espacios públicos que alimentaban su creación literaria? ¿Valdría la pena internarse en un pueblo alejado de todo?

Tal vez no halló la respuesta en un primer momento, pero la magia de Vigía terminó por convencerlo de rentar la estancia, unida a algunas modificaciones que su compañera hizo a la finca. Sería el 28 de diciembre de 1948 cuando el escritor estadounidense compraría definitivamente la casa, convencido de una vez y por todas de asumir a Cuba como su lugar predilecto. En ella podía conocer la aventura de una isla, pescar, tener la tranquilidad para crear.

LAS LEYENDAS DE FINCA VIGÍA
Muchos son los mitos que ha fomentado la presencia del Papa dentro de esta casa. Todo el que se acerca no puede dejar de catalogarla como una vivienda extraña.  Su fortaleza y sus cerca de 1, 86 metros de estatura habían logrado vencer a un tigre, a un toro salvaje, a un búfalo y aquí los tenía Hemingway como trofeos de caza. Pero su hogar también era hospedaje para la obra literaria de todos los tiempos. Cerca de 5 mil ejemplares no encontraban lugar para el descanse. O sí lo hallaban, en cada rincón donde pudiera Hemingway dejar su huella: en la cocina, en la sala, en el cuarto de huéspedes, hasta en el baño. La biblioteca oficial se hacía pequeña para tantas letras, aunque cuentan que cada vez Hemingway pudo leer menos, porque no pudo jamás escribir de aquello que no vivió. Cada mujer, cada espacio que devela su obra, no es diferente al que la vida le permitió conocer.

Cuando se habla de Hemingway en La Habana, muchos recuerdan sus años vividos en Finca Vigía o su preferencia por el hotel Ambos Mundos, aunque para nadie es un secreto su afición por la pesca y fue un pequeño pueblito habanero llamado Cojímar, el que llegó a atrapar a este célebre escritor norteamericano.

LA VIDA EN COJÍMAR
A lo largo de casi 20 años, Hemingway visitó Cojímar de manera asidua.  Tal vez en agradecimiento a ello es que hoy puede decirse que no existe lugar en Cuba, ni en el mundo, que mantenga más viva la memoria de Hemingway que esta tierra. Ni la paz que hallaba en Finca Vigía junto a su cuarta esposa Mary Welsh, ni sus momentos de disfrute en bares habaneros, pudieron reemplazar la experiencia que llegó a adquirir el Papa a partir de sus conversaciones con los pescadores cojimeros.

Para algunos parecía sospechoso que un tipo rudo y que llegó a codearse con las principales intelectuales de la época compartiera tanto tiempo con personas diferentes a él. Sin embargo, ignoraban que una de las cualidades que siempre sobresalieron en el escritor fue precisamente el deseo de acercamiento a quienes tuvieran algo que enseñarle. Le contaban de su vida diaria, de sus formas de luchar contra la corriente. Cojímar y sus humildes pescadores fueron capaces de regalarle al escritor norteamericano la historia de un hombre que llevaba 84 días luchando en la corriente del Golfo sin capturar un pez. Hemingway la tituló El viejo y el mar y gracias a ella, sobre todo, ganó el Premio Nóbel de Literatura.

Uno de los grandes autores cubanos, Alejo Carpentier, dijo que a la filosofía de Hemingway le era imposible entender la verdadera esencia de los cubanos. Si fuera así, ¿cómo entender que muchos pasen hoy por el hotel Ambos Mundos y pregunten por la habitación de Hemingway, o que tantos otros busquen en el Cobre, en Santiago de Cuba,  la Medalla que regalara a la Virgen de la Caridad? ¿Cómo entender la soledad en la  que ha quedado el torreón de Cojímar y todos esos pescadores que ya no encuentran quien escuche sus historias y las recree con ese estilo que no es de nadie, pero a todos encaja? No hay respuesta posible, tal vez sea mejor no entenderlo y sin embargo sentirlo.

Publicado en Cubahora

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