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por María del Carmen Ramón y Adianez Márquez.

Joaquín Borges Triana, periodista e investigador cubano especializado temas musicales

Joaquín Borges Triana, periodista e investigador cubano especializado en temas musicales

Tiendas abarrotadas de discos a precios inalcanzables para un cubano común, vendedores errantes de producciones piratas en cada esquina, jóvenes que reparten papeles con propagandas para conciertos…El panorama ya forma parte de lo que nuestros ojos asumen como normal, una cotidianidad que a veces preocupa.
Cada día crece más la polémica en torno a la relación arte- legitimación. ¿Debe un buen músico someter su producción a las leyes del mercado? ¿Estimula el mercado al arte o lo perjudica? La ausencia de originalidad, la autenticidad del artista versus multiplicación frecuentan los discursos académicos del debate. Sin embargo, nadie negaría que sin la existencia de un mercado, el arteviviría en lo desconocido.
Pero, en el caso cubano, pocos son los jóvenes músicos que logran ser captados por las disqueras; otros prefieren vivir en la espera o simplemente producir por su cuenta. Para reflexionar sobre los mecanismos del mercado de la música en Cuba, conversamos con el periodista y doctor en ciencias sobre Arte por el Instituto Superior de Arte (ISA), Joaquín Borges Triana.

¿Se podría hablar a favor de la existencia de un mercado cubano de la música? ¿Qué características lo definen?

Para entender lo que sucede hoy con la música, habría que recordar que, hasta 1989 o 1990, esta manifestación del arte no se veía en Cuba desde la perspectiva de los intereses mercantiles, sino que era concebida como un elemento enriquecedor del espíritu y la cultura. Por tanto, nunca se pretendió desarrollar una verdadera industria. Es a raíz de la irrupción del Período Especial cuando, a la hora de buscar nuevas fuentes de ingresos para sustentar el proyecto socio- político cubano, se ve que la música también podía ser una fuente generadora de dividendos económicos.
Actualmente nuestro mercado de la música es aún incipiente, pues, por lo general, el precio de los discos no permite que el público al cual están destinados pueda acceder a ellos. El valor de un CD en 15 CUC equivale casi al salario integro de un persona en un mes de trabajo, por lo tanto, el ciudadano de a pie participa, dentro del mercado, en la oferta, pero no en la demanda. Nosotros, por lo general, solo compramos discos cuando se produce alguna rebaja en eventos y sobre todo, participamos en el conocido mundo del disco pirata.
La música cubana es consumida, fundamentalmente, por lo que se conoce como el mercado de fronteras (el turista que viene a Cuba) y en otros casos, es destinada al público extranjero, aunque, por disímiles causas, el disco cubano también tiene muy poca presencia en el exterior.
Es cierto que hay determinados tipos de música que son consumidos por un sector de la población cubana, pero es tan minoritario que a la hora de valorar el mercado apenas cuenta. Esta es una de las razones por las que la gente no se explica por qué no hay en Cuba una fábrica para producir discos y es que para los pocos ejemplares que se venden, no merita la pena establecerla. Me parece que mientras la economía en el país no se remonté, no podremos hablar de un mercado.

¿Cómo influye la presencia de un  mercado tan incipiente en la calidad de los productos musicales cubanos?

No tanto como en otros países del mundo. El artista cubano no se tiene que preocupar por el hecho de grabar un disco y no vender, pues aunque de unas mil copias de un disco apenas venda cinco, puede continuar su carrera discográfica. En otros lugares, el músico debe interiorizar que de no aportar presupuesto a la compañía para la cual trabaja se le puede cancelar definitivamente su contrato. En el caso nuestro, además, las tiradas de los discos son bastante exiguas en comparación con lo que se produce a nivel internacional. Esto trae como consecuencia que la gente tenga un poco más de libertad a la hora de acercarse a la producción artística. No obstante, como empieza la idea de intentar vender el producto, muchos músicos tratan de entrar en sintonía con determinados códigos universales, que garanticen la implicación de un público desconocedor de los caracteres comunicativos de los cubanos.
Así se comienza a sentir la presencia de determinadas leyes de la relación entre la oferta y la demanda en los productos cubanos.
Los criterios comerciales no solo influyen sobre las concepciones de los artistas y la confección musical del disco, sino también en la propia factura que se le va a dar. El diseño, por ejemplo, hay que pensarlo no solo para los que conocen quién es el músico, sino también para aquellos que jamás lo han visto.

¿De qué manera influyen estos criterios comerciales en que determinadas agrupaciones, como por ejemplo las de regueton, no sean muy promovidas por las disqueras cubanas y tengan que acudir al mercado pirata?

Es un fenómeno harto complejo. El regueton es uno de los mundos mejor organizados internamente. Resulta interesante todo el circuito no oficial que han logrado y que va desde el productor del disco a los encargados de socializar el producto a través de carteles en paradas céntricas de la ciudad. Comienza a verse, además, el fenómeno de que determinadas disqueras internacionales han prestado atención a estos jóvenes, pues se ha comenzado a ver el regueton hecho por cubanos como una posible opción para entrar en mercados internacionales. Eso pasó con la propuesta de Eddy K y con Gente de Zona, quienes con uno de sus discos, financiado por una disquera nuestra y firmado por una compañía internacional, vendieron  6000 copias en Estados Unidos. Esta es una cifra absolutamente respetable para un músico cubano, pues pensemos, por ejemplo, que las tiradas promedio de los discos en nuestro país son de mil ejemplares y cuesta muchísimo poderlos vender.
Con esto les quiero decir que es posible que, a partir de este momento, algunas discográficas cubanas, en función de que el reguetón es un producto que se está vendiendo, se interesen un poco más por estos músicos.
No me gusta hacer generalizaciones, pero creo que como mismo hay propuestas dentro del regueton que son sumamente interesantes, hay otras que van a lo mas pedestre del ser humano, que intentan únicamente mover el morbo sexual de la gente a través del la lujuria y determinados movimientos. Ahora bien, desde los propios códigos musicales del regueton, es posible defender un discurso valedero. Estoy pensando en un trabajo como el de Calle 13 en Puerto Rico. Al estudiar y valorar sus textos podemos encontrar formas musicales que demuestran un pensamiento de trasfondo.
No podemos evaluar las cosas con la impronta de lo que acaba de suceder, hay que tener en cuenta que una de las funciones de la música es hacer bailar y lograr que la gente encuentre un momento de esparcimiento y sana diversión, aunque claro, esto se puede hacer de muchas maneras
El tiempo irá decantando lo que va a permanecer como buen arte, y ya hay trabajos dentro de ese mundo que valen la pena, como por ejemplo los de Cubanitos 2002,  Cubanos en la Red, Gente de Zona y  la Fresca, quien ha demostrado todo lo que puede ser capaz de hacer una mujer dentro de un mundo en el que las pocas féminas que han estado, lo han hecho a través de  un discurso muy agresivo, que a veces cae hasta en el plano de la grosería.

Usted se refería al circuito no oficial de socialización del arte ¿Hasta qué punto debemos temerle a este mercado alternativo o hasta qué punto bendecirlo?

Siempre he dicho que el mercado nos salva y nos pierde. La era informática llegó y las llamadas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) han revolucionado toda la producción cultural. Hoy el artista ya no tiene que esperar a que la gran empresa, sea estatal o privada, venga a él para producir su obra, sino que con  recursos al alcance “relativo” de sus manos puede salir adelante. Este fenómeno se ha dado en diferentes países con diferentes peculiaridades.
Es sumamente interesante que el artista, guiándose por el famoso principio del do ityourself- háztelo por tu propia cuenta- sea capaz de hacer y comercializar su producción a un ritmo completamente rápido y al margen de la industria oficial.
Internacionalmente, existe una crisis fonográfica y en el caso cubano, no hemos tenido una industria desarrollada, pero si este tipo de producciones independientes no existiera, la obra de un creador tan importante como  Frank Delgado no hubiese sido posible. Frank  no tiene ni una sola producción oficial y nadie puede negar que sea uno de nuestros principales trovadores. Sus 7 u 8 discos y el DVD se los ha hecho de manera independiente.  Es un hecho que, aunque genere procesos de dispersión de la producción musical, no podemos verlo ni bien ni mal, sino como realidad al fin.
Una de las propuestas más defendidas por las disqueras cubanas es la música popular bailable ¿Cómo entender que las tiendas estén llenas de discos de este tipo de música y que las agrupaciones más reconocidas no puedan tocar en sitios turísticos?
Es muy complicado. Para encontrar la respuesta, habría que remontarse a lo que sucedió en Cuba durante  la década del 90, cuando los grupos de música popular bailable estuvieron en la cresta. Por errores que cometieron determinadas instancias del poder en la comprensión de ese tipo de música, salió de circulación durante un tiempo, y creo que si evaluamos el ciclo de preevalencia de la música popular bailable, hoy no se vive para nada un buen momento en el país.  Incluso, se podría hablar de una crisis de esa manifestación.
Si hacemos ahora mismo un sondeo en cualquier barrio de Centro Habana nos podremos dar cuenta de que no hay un solo tema pegado entre los bailadores, algunos se han escuchado pero ninguno con  la fuerza de lo que se ha visto con el regueton.
Con esto tiene que ver la relación entre turismo y cultura. Es inconcebible que existan limitaciones en el circuito turístico para que determinadas agrupaciones cubanas puedan presentarse y cobrar lo mismo que cuando se presentan en otros circuitos
internacionales.
Sin embargo, a pesar de que históricamente los lugares de turismo eran destinados a que se presentaran los artistas de primer nivel, actualmente no basta con que esos músicos se les niegue el acceso, sino que se han dado fenómenos como el del hotel Capri, donde algunos reguetoneros se presentaron cobrando la astronómica cifra de 100 CUC e inclusive 150 CUC por la puerta de atrás. Eso refleja, además, que aunque no lo querramos admitir, en nuestro país hemos ido estableciendo una diferenciación de clases. Hoy no podemos hablar de un cubano. No existe un prototipo. Tenemos muchos cubanos como mismo existen muchas Cubas. Tenemos una diferenciación social marcada. Tristemente, hay artistas que piensan en  públicos de dinero.
Aunque ahora hay un plan para que la gente vaya a bailar en sitios de música popular, todavía ese proyecto no ha rendido los frutos esperados, pues por ejemplo, las agrupaciones con mayor poder de convocatoria no son las que mayormente se presentan en estos espacios. Y eso  representa un grave problema, pues es además una fuente de trabajo para los músicos, que necesitan ganar dinero y podría contribuir a la diversificación de los espacios de distracción del pueblo.

¿Cree que las políticas de comercialización de determinadas disqueras como la EGREM no están a tono con las preferencias de la gente?

Creo que debido a que no tenemos un mercado del disco cubano, la EGREM es una institución que intenta llevar adelante una política editorial discográfica, al tiempo de que intenta ser vocero del acontecer cubano, pero esto tiene muchas complejidades. No me propongo defender a la discográfica, pero ella tiene que cumplir un plan técnico-económico anual y aportarle, además, una suma de dinero al país. Por tanto, resulta lógico que evite grabar y comercializar lo que, por estudios de mercado o  pura percepción, no tendrá una salida comercial. Al mismo tiempo, hay determinadas músicas que tienen que ser subvencionadas internacionalmente porque son parte del patrimonio. Por ejemplo: la música folklórica, sinfónica, expresiones que aunque no den las suficientes ganancias, tienen que ser protegidas.
En ese sentido, Colibrí desempeña un buen papel, porque es  la discográfica del Instituto de la Música y se supone que,  por tanto, debe regirse menos por las presiones comerciales a las que se enfrenta la EGREM o BIS MUSIC, pero creo que todavía en materia de discografía debemos coordinar más esfuerzos, porque al final: es un mismo país, son las mismas tiendas. No nos merecemos las tantas zonas de silencio que no se han registrado en materia de música.

Consulte además:

-Joaquín Borges Triana: haciendo preguntas, dudando de todo

Arte, mercado y crisis

-Música pirata, ¿La opción?

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