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El fotográfo cubano Raúl Corrales y el escritor norteamericano Ernest Hemingway

El fotográfo cubano Raúl Corrales y el escritor norteamericano Ernest Hemingway

Muchos de los que se acercan a la historia de Papa unido a nuestra Isla conocen primero al Ernest Hemingway gráfico. Algunas fotos en las paredes de los museos se han encargado de reconstruirnos su vida, de aproximarnos al Hemingway humano, de distanciarnos del crudo escritor. Su hogar por muchos años en San Francisco de Paula, el Hotel Ambos Mundos, el restaurante La Terraza, de Cojímar… en todos estos sitios hay una imagen suya. Pero poco se ha hablado de aquel hombre que, tras el lente de una cámara, oculto para los ojos de los otros, retrató a Hemingway en Cuba.

Sin embargo, seguramente no podrían describirse los lazos entre el conocido escritor norteamericano y este pedazo de tierra si se dejase a un lado la figura de Raúl Corrales, conocido fotógrafo cubano, autor del mayor número de instantáneas tomadas en nuestro país al autor de Por quien doblan las campanas. Rememorar la época en que este fotógrafo tuvo la oportunidad de retratar a Hemingway es acercarnos a los inicios de su obra, a aquellos años en los que quizás ninguno de los dos soñó con convertirse en lo que representan hoy para Cuba y el mundo.

Corría el año 1953 y Hemingway aún no había recibido el premio Nobel de Literatura, andaba enamorado de su mejor historia de pescadores: la vida del viejo Anselmo; Corrales todavía no veía en la fotografía una gran pasión: los problemas económicos diarios y lo difícil que resultaba obtener los materiales necesarios para el relevado en la fotografía, lo hacían ver en ella un simple medio para resolver su difícil situación diaria. Por ello trabajaba desde hacía algunos años como reportero gráfico de un semanario nacional.

Corrales era cojimero de nacimiento, cuentan que vivía agradecido de su tierra y que, de vez en cuando, se empeñaba en tomar alguna que otra foto de ese pueblito anclado a la orilla del mar y de los hombres que son su actividad diaria hacían de la zona un lugar único. Un día sus amigos pescadores dejaron de estar solos y comenzaron a convertir sus anécdotas en un material interesante para alguien. Una especie de inquilino invadió la tranquilidad de aquellos que veían en la pesca un medio de subsistencia. Para ese entonces, Hemingway era para Corrales un norteamericano extraño que, sin explicación alguna, había ganado el cariño de los pescadores: un misterio por resolver.

“Yo no tenía idea de quién era, ni yo, ni los pescadores que trabajaban por aquí. Tampoco me dio la impresión de que se tratara de un millonario. Para mí, sencillamente era un americano más que le gustaba la pesca. Lo consideraban un americano loco, y yo también lo creía porque hablaba solo. Lo oí algunas veces y me llamó la atención que monologara en español y no en inglés”, declaró Raúl Corrales en una entrevista concedida al reconocido escritor y ensayista cubano Jaime Sarusky.

Corrales explicaba cómo ver el yate Pilar en el puerto de Cojímar era el indicativo de que Hemingway y Gregorio Fuentes, el patrón de su barco, estaban en el pueblo. Era casi seguro verlo en La Terraza, de pie frente a la barra, entregado al placer que significaba para el Papa jugar a los cubiletes, ordenar un daiquirí o sentarse en su mesa favorita y desde allí observar el mar.

Papa también conocía al fotógrafo, quizás de haberlo visto conversar con los mismos hombres a los que luego dedicaría su novela El viejo y el Mar. Un día lo invitó a conocer el Pilar. Corrales no dijo nada, pero su instinto de buen fotógrafo le sugirió que debía guardar un recuerdo de quien ya era un consagrado para la literatura de la época. Corrales estaba obsesionado con Cojímar y sabía que cuando se contara esa historia por muchos años dormida habría que hablar de Hemingway.

Esa fue la única vez que lo plasmó en imágenes y asegura este fotógrafo que podía haber retratado además a Hemingway junto a Anselmo, la inspiración del pescador Santiago en El Viejo y el Mar y junto a Spencer Tracy, el actor que lo encarnó en la película. Sin embargo, ¿quién le diría a Corrales lo que pasaría con el correr de los años?

Ocurrió con él, lo que pasó con Alberto Korda, quien retrató una vez a Ernesto (Che) Guevara sin imaginar que su imagen sería una de las más famosas mundialmente. Sucede que la fuerza de una imagen solo depende a veces de estar en el lugar y en el momento indicado. Es cuestión de tiempo y espacio. Tanto así, que todas esas famosas fotos del “cubano sato” Hemingway que aún recorren el mundo fueron tomadas el mismo día.

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Publicado por Cubahora

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