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Dicen que hay gente que se queda totalmente vacía si intenta hallar significados y no los encuentra. Creo que así me sentí aquella mañana.
Dudé. Sentí extrañeza de habitar en mi cuerpo, de pensar lo que estaba pensando, de estar oyendo lo que oía…
-¿Crees en el arcoíris?
-Sí, es lo que renace después de un fuerte aguacero.
– Pero no en ese arcoíris, ¿Crees en la palabra utopía?
-No, es algo que está en un lugar que no se sabe nunca.  Siempre pospuesto, es como decir  que llegará la felicidad y que acabará la tristeza.
No creer, casi como el Esteban estoriniano de la Casa Vieja, que solo tiene fe de aquello que está vivo y cambia. Es el mismo edificio, el mismo camino, el camello de todos los días, el empujón de la señora de al lado, y de la del otro costado. El mismo señor que no me deja entrar ante la puerta del lugar a donde voy todos los días, el mismo ascensor, la misma Internet que no me habla en 2.0… el mismo pedazo de sol en esta tierra de sueños…
Todo es igual y sin embargo duele mucho la inquietud de vivir con las manos cruzadas, esperar por descubrirme, por ver un arcoíris, por creer en la utopía. Solo así podré descubrir qué es Cuba para mí.

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