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Tengo 21 años. Soy una cubana hija del Período Especial. Y no me quejo. Recuerdo con nostalgia los tiempos en que me portaba mal y no había peor castigo que el hecho de que mi mamá me prohibiera sentarme a las cinco de la tarde a ver mis muñes. Bolek y Lolek, el Cartero FogónConejo, deja que te coja…Algunas veces eran rusos, otras veía al Elpidio Valdés o a Chuncha. A esa hora siempre estaba bañada y sentada en un sillón frente al televisor, mi abuela me ponía unos lazos de colores enormes en la cabeza y mientras ella intentaba acomodar mi pelo en extremo liso, yo no tarareaba canciones de reguetón, sino canciones que eran para niños.  El arcoíris  musical semanal con videos que no soñaban la tecnología actual, pero que simplemente me fascinaban. Eran también los tiempos de la calabacita, la verdadera, no la que ahora en Multivisión les pide a los chicos que digan adiós al computador.

A la hora del sueño, claro que mi generación también tenía mucho que despedir, quizás ahora se difumine enmi mente porque era muy pequeña, pero lo cierto es que siempre inventábamos alguna historia para estar despiertos en el momento de aquella misteriosa novela, que los niños nunca podían ver. Ahora que ha pasado algún tiempo, extraño las casitas de madera que mi abuelo construyó para mis muñecas de poco pelo. Nunca voy a olvidar cuánto deseaba tener una como la de mi amiga de la casa de en frente, con abundantes cabellos y con brazos que se movían de un lado al otro: extremidades de ser humano. Los brazos de mis muñecas no se movían, pero las podía vestir con mi imaginación. Y aprendí a ser costurera, a hacer títeres y pelotas con medias viejas. A todo eso me enseñó abuela.

Tengo 21 años. Sí, y mi hermana menor 5. Ella puede ver muñequitos a todas las horas del día, por eso se pone triste cuando no le complacen su deseo de colocar el disco que más le gusta en el DVD, aunque no le esté prestando la mínima atención. Mi hermana sabe manejar el mouse de una computadora; habla español perfectamente, pero de vez en cuando intercala algunas frases en inglés, aprendidas de todas las temporadas que ha visto de Dora la exploradora. Abuela ya no tiene que coser mucho, le compran mochilas en la tienda y atractivas carteritas para guardar el calor del pan y el frío del refresco que lleva a la escuela en un pomo plástico de colores. Pero mi hermana no conoce el arte de inventar cafés, arroz con leche y pudín entre cazuelas y cafeteras de juguete, pero casi reales; ni el de armar una consulta y ser enfermera, doctora y paciente a la vez.

Yo no tengo celos de ella, de su inglés y dominio de computadoras, tampoco de sus peluches, barbies, bratz y discos con todas las películas. Al contrario, ojalá hubiese hubiese podido vivir conmigo algunas de mis ilusiones; aquel Período Especial, que marcó de manera especial mi infancia.

Vea también: Blog sobre Muñequitos rusos

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