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Este post es parte de un compromiso que desde hace unos días tengo conmigo, con mucha gente y ¿por qué no? con un libro…un libro de esos que, cuando lo tienes cerca, no deseas otra cosa que correr con él una calle arriba para intentar leerlo en cualquier lugar solitario. Hubiese querido escribir antes, pero cuestiones tecnológicas me impidieron acceder a mi blog. No obstante,  voy a burlar el tiempo: hay temas que no se pueden dejar de tratar jamás.

El sábado 9 de abril el reconocido profesor Manuel Calviño presentó su libro Vale la Pena. Escritos con psicología, una recopilación de los principales temas abordados por él durante veinte años en su programa televisivo semanal Vale la pena.

Confieso que no fue hasta esa fecha cuando llegué a tener una idea real de lo que representa Calviño para los cubanos. Soy seguidora de su programa desde niña, más que esto, me declaro continuadora de una tradición familiar: sentarse cada viernes a escuchar los consejos de Calviño en un ambiente en el que ni el zumbido de una mosca debía escucharse, porque, además de oír, había que “entender” lo que se estaba diciendo, decía religiosamente mi abuela cada semana. Recuerdo que hasta mi papá, que siempre ha padecido el triste mal de “no soportar” casi ningún espacio televisivo, se quedaba en silencio y reflexionaba con aquellos cerca de 15 minutos psicológicos en la TV.

No sé por qué me parece que este cuadro familiar se debe haber repetido en no poco hogares cubanos desde el Período Especial. Al menos eso creí el sábado.

¿Por qué?
La presentación del libro ocurrió en la Casa de la FEU (Federación de Estudiantes Universitarios) y, a solo una hora de iniciada, ya no quedaban prácticamente espacios vacíos. Me sorprendió encontrar a personas de todas las generaciones; desde hombres y mujeres de la tercera edad, hasta compañeros míos del preuniversitario. Un señor de unos 60 años me contó que quería el texto para regalarlo a su esposa en su cumpleaños. Los jóvenes de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana reclamaron una venta especial para ellos en su centro de estudios. Es enorme la lista de quienes se acercaron a la mesa de Calviño para abrazarlo y dejarle alguna calurosa frase capaz de resumir admiración, cercanía y no sé cuantas otras cosas, a veces incomprensibles.

Ya lo diría un viejo amigo mío que con el tiempo ha tenido la suerte de convertirse en alguien grande. Hay libros…. y libros…Hay autores…. y autores. Vale la Pena. Escritos con psicología une ambos: fue redactado por una figura extraordinariamente conocida y con una credibilidad probada en el campo de la psicología; al mismo tiempo, se trata de un libro de autoayuda. Los que hemos visitado las anteriores Ferias Internacionales del Libro de La Habana podremos tener una idea de lo que representa la aparición de este tipo de ejemplares.
Por lo general, son lo más buscados… por personas de cualquier edad. Cómo cuidar a un bebé, consejos para el embarazo, el amor en la adolescencia, el SIDA, cómo tratar el cabello… han sido de los más vendidos.

Calviño, en los minutos finales de la presentación de su libro

Calviño, en los minutos finales de la presentación de su libro

La presentación del texto de Calviño no terminó de la mejor manera. Eran apenas 1000 ejemplares para una cantidad nada despreciable de asistentes que, por demás, querían encargar libros para amigos, abuelos, tíos, novios, esposas…etcétera Las discusiones en las colas de ventas se hicieron cada vez mayores, todos luchaban por lograr su propósito y olvidaron, de este modo, que había otros intentando lo mismo. No ofreceré detalles de tan lamentable suceso. Solo decir que la solución que tuvo que tomar el Instituto Cubano del Libro, que organizó la actividad, fue suspender la venta. Por supuesto que puede ser discutible la manera de estructurar el evento por parte de esta institución, pues quizás, haber previsto los hechos desde antes, habría evitado tristes consecuencias. No obstante, este post no será el escenario para ese tipo de análisis.

Fue en el marco de la decisión de parar la venta cuando Manuel Calviño se presentó ante el público, el que estaba decidido a no marcharse hasta obtener el libro, y habló de una manera que alegró a la mayoría, hasta a una señora que no dejaba de repetirle: “Por favor, doctor, necesitamos ese libro, ese libro nos ha ayudado a vivir”. Después de intentar convencer a sus seguidores de lo importante de haber luchado hasta el final; Calviño lamentó lo ocurrido, dijo que intentaría impulsar la reimpresión de la obra y concluyó: “Solo me queda prometerles que habrá otros 20 años más de Vale la pena”.

Vea además: El sexto sentido de Manuel Calviño

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