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Felicidades abuela

Felicidades abuela

Hoy fue el primer cumpleaños de mi abuela en que no escuché su voz. No me levanté más temprano que de costumbre y agarré rápidamente el teléfono para decirle: “abuelillaaaaaaaaa felicidadesssssssss”, ni invertí largas caminatas para escoger el regalo perfecto. Este 25 de enero no hubo poemas, dibujos, cartas sorpresas, ni tesoros escondidos. Solo pasé varias horas conectada, mirando constantemente si un bombillito verde en mi Facebook se encendía y así aprovechaba para decirle algo.

No veo a mi abuela desde noviembre del año pasado. Fue en esa fecha cuando junto a mi abuelo viajó lejos y tuvimos que despedirnos. Recuerdo ese día como la despedida más corta y triste de toda mi vida. Tan doloroso como perder a alguien, como un desamor… es ver partir a quien más quieres, no querer abrazarlos para no lastimarlos; verlos avanzar, tímidos, como un niño que se enfrenta al primer día de escuela. Despedir a una abuela es-definitivamente-como decirle adiós a mamá en la primera clase de preescolar.

Al principio, durante las tres o cuatro primeras semanas, todavía me parecía que ella y mi abuelo permanecían en la casa. Sentía los pasos de otros y me creía que ella llegaría para darme un vaso de agua mientras tecleaba en la computadora, o que mi abuelo me regañaría por acostarme tarde. Me extrañaba cuando al llegar del trabajo encontraba la casa oscura, con los mismos regueros que ella hubiese recogido.

Cuando ayer el almanaque me indicó la fecha del 25 de enero, comencé a sentir más frío que nunca Internet, Facebook, el correo… Por más que busqué el cake digital más perfecto para regalarle, ninguno me pareció lo suficientemente rico, ni emocionante; les faltaba el sabor, el merengue por el que mi hermana y yo nos peleábamos, los platicos para repartir hasta a los vecinos.

Mi abuela nunca toco una computadora. La primera vez que tuvo en sus manos un teclado demoró cerca de 10 minutos en escribir cuatro palabras. Fue mi abuelo el primero que escucho mis lecciones para abrir Google, Yahoo, teclear su usuario y contraseña, y finalmente “escribir” y “enviar”. Y al parecer mis clases fueron tan buenas, que al segundo día de despedirnos mi abuelo tenía una cuenta en Facebook, se sentaba cada noche frente a la laptop de mi prima más pequeña y miraba atentamente un bombillito con mi foto. “Cuando se ponga en verde tú la llamas”, así le explicó mi prima y ellos siguieron el consejo al pie de la letra.

Este 25 de enero llegué a las 9:00 pm a la casa pensando que acabaría el día sin poder felicitar personal-virtualmente a mi abuela; pero al encender mi computadora ahí encontré su fotico, encendida de verde, esperándome. “Mi nietecita, no sabes cómo te busqué hoy, pero no entiendo mucho este Facebook, y tu abuelo no estaba acá para ayudarme”, escribió de inmediato. Entonces recibí la mejor de las noticias: mi abuela tuvo un cake más allá de mi foto, abrazos de muchas personas y su mejor regalo fue una flor que le trajo mi abuelo de un trabajo que comenzó justo ese día en una florería.

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