Etiquetas

, , , , ,

"Me une a Martí el amor infinito a Cuba, a la Cuba que hay, pero sobre todo a la posible"

“Me une a Martí el amor infinito a Cuba, a la Cuba que hay, pero sobre todo a la posible”

Probablemente no exista tema que preocupe a la sociedad cubana actual al que no se haya aproximado la lírica del dúo Buena Fe.  Desde un espermatozoide antónimo de cobarde, su propuesta de mamífero nacional, relaciones amorosas… a despedidas, emigración y conflictos de la economía y la realidad cubana actual, sus canciones han alcanzado popularidad frente a un público de diversas edades, que reconoce en la agrupación un talento nato para construir letras.

Por eso, para quien conoce a fondo su discografía, no sorprendió la aparición dentro de su disco Pi 3,14 del tema “Todo el mundo cuenta”, un acercamiento al pensamiento del Apóstol desde la contemporaneidad. Ya sea por el intento de reflexionar cuán fieles éramos a las ideas de Martí, como por la convocatoria a extraer al Ápostol de discursos planos y repetidos hasta el cansancio, miles de jóvenes a lo largo de Cuba han tarareado su canción y con ello se han tendido más puentes entre los jóvenes y Martí.

A propósito de que se cumplen 160 años del nacimiento de ese hombre que marcó los destinos de Cuba, más allá de la época que le tocó vivir, conversé con Israel Rojas, quien asegura que el pensamiento martiano no fue en él “aprendizaje de golpe, ni saber concluido íntegramente, más bien aún voy aprendiendo cada día más”.

Cuando uno se acerca a la obra martiana, encuentra una amplia diversidad de preocupaciones y de temas; al mismo tiempo, las letras de Buena Fe también han tocado aristas sensibles, polémicas, y expresan, al igual que en la obra martiana, un “yo muy interior”. ¿Cuánto de Martí hay en Buena Fe?, ¿Qué ideas martianas recorren su discografía?

Más que con Martí —y con esto me refiero a José Julián, el hombre de carne y hueso que vivió en el siglo antes pasado— las coincidencias son con el pensamiento Martiano, que aunque es igual, no es lo mismo.

A aquel joven portador de profunda sensibilidad le toco vivir en un tiempo de agudas contradicciones que le llevaron a transitar un destino turbulento, del cual salió aquel hombre extraordinario. Al ser humano lo admiro y lo valoro como al héroe que es, el valiente que fue, el poeta que aún nos cautiva con su verso y su prosa.

Pero el pensamiento martiano es un todo que supera lo doctrinal para, en mi caso, volverse alimento del espíritu. Soy de formación marxista por inducción escolástica y por tradición familiar, pero fue Martí con su humanismo a toda prueba quien dio a mi cosmovisión del mundo una subjetividad definitiva. Creo que los principios martianos que más han regido nuestro trabajo con Buena Fe son el equilibrio y la coherencia.

No pasarnos en la crítica al grado de resultar destructiva u oportunista. Tener responsabilidad total sobre cada verso o melodía sin pretensiones de grandeza, sino con convicción de intentar ser útiles, no más. Ser consecuentes en lo público y lo privado con esa manera de vivir que corresponde a un hombre habitado por un sueño, por un ideal, por una utopía.

—¿Qué ideas defendidas por Martí forman parte de la Cuba de hoy, y cuánto más nos falta por hacer para parecernos un poquito más a la Cuba y el ser humano que él soñó? En palabras de Buena Fe, ¿cómo arrancar a Martí del verso dicho de memoria, y tatuarlo en el alma de todos los cubanos?

Podría llenar esta respuesta de citas martianas y ejemplos prácticos que le corresponden. Pero más que eso, prefiero decir que políticamente como Estado, como país, hoy Cuba es coherente con el testamento político de Martí, que todo cuanto hizo hasta que murió fue para evitar que cayera Estados Unidos (y Martí se refería al imperio, no al pueblo de ese país en el que él vivió y amo) con esa fuerza más sobre nuestra América.

El gran reto que tenemos en Cuba es acortar la distancia entre el discurso oficial y la vida cotidiana, que impactada por la prolongada crisis económica ha visto crecer esa brecha.

Hoy, aunque quiero pensar que aún somos mayoría, no somos tantos los que quieren echar la suerte con los pobres de la tierra para salvarnos todos, ni los que entienden que hay que andar unidos para que no pase el gigante de las siete leguas, ni que la pobreza pasa pero no la deshonra. Por desgracia también hemos visto los que hacen realidad aquella crítica que hacía Martí al socialismo y se visten de representantes del pueblo para vivir por encima de él.

Mucho se hizo en etapas anteriores, pero fue con la revolución que el pensamiento martiano adquirió la dimensión que se merecía. Casi todas las ideas martianas tienen una concreción práctica en la Cuba de hoy. Algunas obras han tenido más resultados que otras, pero eso no resta brillo a la doctrina, al contrario, convoca a mejorar cada proyecto.

—En mi criterio, una de las obras que con mayor sensibilidad ha logrado conversar con el Apóstol es la de ustedes “Todo el mundo cuenta”, coméntenos un poco cómo surgió la idea de escribir esta canción, ¿qué une a Israel Rojas con José Martí? ¿Cómo se acercó desde niño a su obra y cómo eso fue cambiando con los años?

La canción nació cuando las interrogantes que en ella se plantean y también las certezas fueron ya de mucho peso como para cargarlas solo. Socializarlas quizás podría ser un alivio, para entre muchos hallar respuestas y afianzar puntos de vista.

Me une a Martí el amor infinito a Cuba, a la Cuba que hay, pero sobre todo a la posible. La convicción de que en la unidad de la América Latina está la salvación de nuestras culturas y la piedra angular de nuestro desarrollo verdadero. Como él, nada espero de los imperios y mucho de nuestras propias fortalezas.

El pensamiento martiano no fue en mí aprendizaje de golpe, ni saber concluido íntegramente; más bien aún voy aprendiendo cada día más. El Martí que me tocó de niño fue un poco como el que a todos: un poco lejano, más de piedra que de vivencias. En el preuniversitario, y más profundamente en la universidad, cuando gané conciencia de clase, cuando me interesó la vida política, de dónde venimos y a dónde vamos, tuve la suerte maravillosa de contar con un puñado de profesores y compañeros de estudio que nos iniciamos en la obra del Apóstol. Y desde esos reveladores días, allá por el Caney de Santiago de Cuba, a inicios de los durísimos años 90´s, aseguro que aunque soy ateo, Cuba es mi templo y Martí mi religión.

Publicado en Cubahora

Anuncios