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Chávez-bajo-la-lluvia

Chávez nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada
.

(Adaptación al poema de Pablo Neruda “Un canto para Bolívar”)

Desde hace días escucho caer, en mi ventana, varias gotas de lluvia. Ellas caen y yo escribo, trabajo, pienso- o al menos lo intento-. Veo las noticias, reviso los diarios, y te veo en todas partes. Estás en las portadas de los principales medios, en cada lágrima de agua que asoma en mi ventana, en cada Martí, en cada Che, en cada Bolívar, en Cristo.

Chávez nuestro que estás en la tierra, trajiste a nosotros tu reino. No sé por qué no puedo llorarte, o escribirte. La bandera está a media asta por tu causa, la gente recorre las calles de ese mar que viste el luto de rojo, pero mi sentimiento se resiste a convertirse en llanto.

Será que siento que te han llamado desde lo más alto, pero sigues aquí, renaciendo y multiplicándote. Podrías irte y empezar a ascender; pero llegarías al cielo, y allí nunca te ha gustado estar. Para llegar a las estrellas, no tuviste que volar nunca hacia esa altura: anduviste entre la gente y te dejaste de pertenecer “cuando te convertiste en pueblo”. No creías en los mitos, tú mismo dijiste que las revoluciones se hacían de cuerpo y no de leyenda. Por eso prefieres quedarte.

¿Habrá que acostumbrarse a tu ausencia? ¿O solo a dejar de verte y escuchar de ti palabras nuevas? Llueve en la Habana, en Venezuela, y en Latinoamérica toda, los pueblos toman las calles y te acompañan a no quedarte solo. Chávez, tú no vas a ninguna parte. Tu realidad, aun después de muerto, sigue siendo carne.

Por eso las lágrimas en la distancia están acercándose. Este desgarramiento en América no es silencio, sino voz. Tú lo dijiste Chávez: que “esperabas mucho del tiempo, pues su inmensidad construía más esperanzas que tiempos pasados”. El tiempo te despertó años después que Bolívar, para devolver la esperanza a Venezuela y a nuestra América.

Pienso en ese poema inmenso de Neruda dedicado al Libertador en el que decía:

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, ¿eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
“Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”.

Tú vives en ese pueblo despierto, y no eres “el padre nuestro que estás en los cielos, con las golondrinas y los misiles”. Tú eres, dijo Neruda, y me permito adaptar sus glosas a ti: “El Chávez nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire de toda nuestra extensa latitud silenciosa”.

Publicado en Cubahora

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