Carlos Montaner, uno de los analistas más frecuentes de CNN en español, quien aparece en el documental CNÑ y sus perversiones sobre Cuba

Carlos Montaner, uno de los analistas más frecuentes de CNN en español, quien aparece en el documental “CNÑ y sus perversiones sobre Cuba”

Les agradezco mucho a los colegas y amigos que por estos días han llenado cada espacio de mi vida con mensajes de felicitación, abrazos, posts y mucho ánimo. Quiero compartir con ustedes un post que le dedicara a CNÑ y sus perversiones sobre Cuba, Iroel Sánchez, en su blog La Pupila insomne. Con un poco más de tiempo quiero escribir más, pero por ahora doy gracias a Iroel. Le agradezco por percibir, en las enormes ganas de hacer que estuvieron tras este documental, “la diferencia entre una luciérnaga y la luz eléctrica”.

La diferencia entre una luciérnaga y la luz eléctrica

por Iroel Sánchez

Si en un texto reciente mencionaba uno de los premios del Concurso de Periodismo 26 de julio que jamás gozará del elogio de la industria que tanto gusta de vigilar los medios de comunicación y las universidades cubanas, quiero referirme aquí a otro de los trabajos galardonados en ese certamen. Se trata de una obra que, lejos de ser ignorada, ha sido atacada de modo brutal por el aparato mediático dedicado a demonizar a Cuba. También procede de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y es un audiovisual de 51 minutos titulado CNÑ y sus (per)versiones sobre Cuba, tesis de graduación de la joven periodista María del Carmen Ramón.

En un caso ejemplar de lo que no debe ser la búsqueda de la verdad, alguien que decía investigar me preguntaba días atrás por “los blogueros no identificados con el gobierno cubano” para referirse a la blogosfera que Estados Unidos ha intentado armar en esta Isla con tecnología de punta y fondos multimillonarios. Pero lejos de escudarse en ambigüedades y anfibologías, el documental de María del Carmen tiene la virtud de llamar las cosas por su nombre y argumentarlo con datos, como debe hacerse en el periodismo que no se autocensura pensando ingenuamente que así huirá de los lugares comunes creados por nuestro mal uso de los adjetivos o evitará el cuño de “oficialista”, impuesto por quienes no se apartan un milímetro del perfil construido para Cuba por el gobierno que destina 50 millones* de dólares cada año -cifra que supera varias veces el presupuesto de todos los medios de comunicación cubanos juntos- a enseñarnos cómo debemos ser y hablar los pobladores de este país.

Como dice mi amigo Pascual Serrano, en el periodismo “para tener valor hace falta tener valores”. El trabajo de María del Carmen Ramón no recibió el aplauso de los adalides de la libertad de expresión, ella tuvo que pagar un precio por hacer  CNÑ y sus (per)versiones sobre Cuba. Según la televisión de Miami -que le dedicó once minutos de insultos- su documental lo dirigió la “policía política” y el omnipresente Carlos Alberto Montaner lo llamó “una medida activa” de la Seguridad del estado.

Para adelantar la Cuba que desean futura, los bien financiados domesticadores de la opinión cubana reparten palos y zanahorias, elogios y condenas. Admiro a los que no lo olvidan y les dan pelea.  Decía Mark Twain que “la diferencia entre una palabra casi justa y la palabra justa no es una pequeña cuestión; es como la diferencia entre una luciérnaga y la luz eléctrica”. Felicidades a quienes no temen utilizar las palabras para iluminar los hechos.

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