Etiquetas

, ,

976848b6260f765c832e94f8a4f1428d_LUn compañero de trabajo me aseguró que su máquina se había tambaleado, otra juró haber sentido que su cabeza daba vueltas, mientras que por los pasillos se escuchaban gritos  que volvían a repetir la misma palabra: ¡Temblor! ¿Un temblor? Eran más de la cuatro de la tarde y la frase llegó tantas veces a mi oído, que casi se convierte en la que más me habían repetido en mi vida.

Ni las más modernas guías telefónicas que me resolvían hasta el mismísimo celular de Rubiera, los insistentes chats por Facebook con varios amigos conectados, ni llamadas a varios lugares de la capital me devolvieron una lógica a lo que me estaba pasando: ¿habría temblado en La Habana sin que yo me diera por enterada?

Una amiga me responde por mi Facebook: “Dicen que cuando la tierra tiembla uno siente un mareo, por eso no decirte, porque yo siempre estoy mareada”.  Se imaginarán que más me confundí, porque entre mis problemas de miopía y mi trabajo constante frente a la máquina, también he asumido el mareo como una condición permanente de vida. Y así, a más de cinco personas pregunté y sus respuestas me conducían por dos explicaciones: o ellas padecían de la misma insensibilidad que yo, o el resto estaban locos.

Como todos mis amigos saben, soy periodista, por lo que lo primero que hicimos en mi redacción fue saltar como un resorte a consultar por teléfono con los especialistas.  Llamamos insistentemente al teléfono de Meteorología que nos facilitaron al marcar el 113 y una voz de operadora respondió: “Si usted quiere conocer el parte del tiempo para La Habana marque el 1, para Matanzas marque el 2, Mayabeque marque el, Santiago marque el… SUFICIENTE: decidí colgar convencida de que la voz no me iba a decir: “Si quiere saber si tembló la tierra en La Habana marque el”…

Pues nada, que nuestras llamadas quedaron interrumpidas por la oportuna llegada de un fumigador, que cada jueves llega a nuestro trabajo para librarnos de los peligros del aedes aegypti.  No voy a hacer larga la historia, pero logramos publicar nuestra nota, aquí está el resultado de nuestro trabajo en equipo, que lo comparto con ustedes para que conozcan que, por ejemplo, los especialistas confirman que sí pueden ocurrir sismos en toda Cuba, por lo que Occidente no está exento de ellos.

Pero ahora me preocupa haber visto tanta gente sin darse por enterada: a las 4 de la tarde en La Habana era la misma calle, la misma gente en su faena diaria, cogiendo guaguas, carros, comprando viandas, hablando de los problemas del día. Nada, que supongo que estábamos tan metidos en nuestra realidad que la mayoría no sentimos que tembló la tierra en La Habana.

Anuncios