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Quizás no haya otro momento del año en el que todas las familias cubanas compartan un código tan común. Son días en los que escuchamos una y otra vez la palabra Felicidades y donde se convierte en un pensamiento constante la pregunta ¿qué vas a hacer el 31?

Nos reunimos, viajamos de un lugar a otro para reencontrarnos con personas que hace mucho no veíamos, revolvemos el armario para estrenarnos algo nuevo, limpiamos la casa, descolchamos varias botellas de sidra, quemamos muñecos, paseamos maletas, tiramos cubos de agua, bailamos, tomamos, y aguardamos en familia ese momento en el que el reloj marcha las 12: 00pm y la gente se apresura para recibir el nuevo año abrazando a los suyos. Dormirse antes puede ser una señal de mal augurio para el año que entra, por eso hasta el abuelito le dice a la nieta que lo despierte si se queda dormido.

Pero toda esta gama de tradiciones a las que hasta el cubano más ateo le es imposible de escapar tiene una esencia que se repite cada año. Primero: fíjense que utilizo formas verbales en 1ra persona del plural, porque no es posible referirse al fin de año en Cuba sin hablar de “nosotros”, una palabra que encierra el yo, tú, él, ellos, aquellos; y segundo: la necesidad de sentirnos unidos.

Lo vemos cuando bailamos, cuando colocamos hasta las sillas más viejitas y menos usadas alrededor de la mesa porque todos debemos comer en familia, cuando brindamos unos y otros y agarramos varios el cubo de agua no precisamente porque pese mucho, cuando le escribimos mensajes o llamamos a los amigos o familiares que están lejos, cuando nos duele amargamente que se congestionen las líneas.

Pero ¿qué influencia tienen las características del cubano en sus maneras de asumir el fin de año? ¿Cómo repercuten nuestras condiciones sociodemográficas en las maneras que tenemos de unirnos? A tono con estos días de celebraciones, Cubahora conversó con la socióloga Adriana Ricardo Díaz, quien trabaja en la Dirección de cooperación internacional de la Oficina del Historiador de La Habana, sobre estas fechas en Cuba y el porqué de nuestras tradiciones asociadas a ellas.

“El fin de año es, al menos en cuanto a tradiciones que están relacionadas con la familia, sin dudas la más importante. Es el momento donde la gente se une y se propone nuevos proyectos que permiten al individuo decir: estoy aquí, quiero ir hacia allá. En el cumpleaños de una persona se reúnen la familia y las amistades, pero el fin de año es un código que comunica a todo el mundo como cubanos, y también con el resto del mundo, porque todos celebramos el fin de año”, comenta.

“En Latinoamérica la dinámica familiar es bien distinta a otras familias de Europa, especialmente por las características demográficas, tanto por las condiciones de vivienda como la convivencia intergeneracional, que muchas veces trae determinados conflictos, pero el fin de año es ese momento donde se encuentran todos los miembros de la familia. Es un momento en el que se respira lo positivo y de alguna manera se replantean las normas de convivencia”.

“Evidentemente pertenecer a una generación u otra o estar en un momento determinado de tu vida te va a hacer asumir cualquier situación que acontezca de una forma diferente. La población infantil lo asume como que hay fiesta en la casa, más comida, más bulla, me traen regalos. Quizás los más jóvenes se planteen lo que quieren hacer para el próximo año y los adultos son una generación que le toca pensar en las generaciones que le siguen, mientras que los ancianos tienen deseos de futuro, pero también buenos augurios para sus hijos y nietos”.

MÁS ALLÁ DE LA SUPERSTICIÓN

Aunque en casa de nuestra entrevistada se frecuenta lanzar un cubo de agua a las 12 de la noche, no tarda en recalcar que la tradición más importante es encontrarse, compartir, una idea que defendía la psicóloga cubana Patricia Arés Muzio en  un artículo publicado hace algún tiempo en Granma, donde definía como uno de los principales rasgos del modelo cubano de bienestar “el no sentimiento de exclusión, el no vivir “anomia social”, es decir, el sentimiento de pertenencia a una familia, escuela, comunidad, centro de trabajo. Eso, para Arés, hace a los cubanos únicos.

La doctora apostaba en ese entonces por un concepto superior de familia en el caso de Cuba, entendida como redes sociales de intercambio con los vecinos, con las organizaciones, con la escuela, con los parientes, incluidos los emigrados; por lo que el fin de año en Cuba es un momento de pensar en ellos también.

¿Cuántos centros de trabajo no celebran en Cuba su fiesta de fin de año? ¿Cuántas escuelas, barrios y plazas públicas no organizan actividades? Y si bien muchos prefieren apostar por una celebración más íntima el día 31, no es menos cierto que las 12: 00pm, esos minutos en los que todos los vecinos salen a la calle a poner en práctica sus tradiciones, es momento de sentir que todos estamos en sintonía: tirando agua, mirando a lo lejos fuegos artificiales, escuchando la maravillosa unión entre músicas diversas o sintiendo gritar de balcón a balcón Felicidades.

¿Es el cubano alguien supersticioso? ¿Por qué el cubano quema muñecos, pasea maletas, espera el año con billetes en la mano o quema papeles con lo  malo y negativo del año que termina?, le pregunto a Adriana.

“Creer en algo es fundamental para todos los seres humanos, pues estamos compuestos de materia y espiritualidad. Hay quienes se refugian en sus logros y reconocimientos, otros en un rosario, en la biblia. Pero como cubanos tenemos un componente religioso que se ha ido transformando; el cubano, como buen ajiaco, toma de muchas partes y lo ha adaptado a su propia tradición. Hay personas que son supersticiosas, y no creo que sea bueno refugiarse en un tipo de superstición, pero al menos cuando estás tirando un cubo de agua por el balcón y estas sintiendo que las cosas malas o negativas se van, cuando te sientes acompañado, eso te da fuerzas para organizarte, para ver las cosas mucho más claras en el futuro, y el nuevo año al menos la familia cubana lo vive así. Las tradiciones permiten reflexionar, decir: esto lo voy a cambiar, esto otro lo voy a mejorar. Más allá de cualquier componente religioso, es sobre todo ese compartir en familia y proponerse nuevos retos”, recalca.

“Eso ayuda a que cada cierto tiempo te plantees tus proyectos de vida y tus perspectivas para el futuro. Ahora en las investigaciones sociales hay mucho hincapié en ayudar a los jóvenes a que tengan herramientas para ver el futuro, a que se planteen que es lo que quieren hacer y como lo van a lograr. El fin de año lo que propicia es un momento donde las personas además de compartir, festejar, hacen una parada para repensarse de una forma mucho más amigable, no en una situación de extrema vulnerabilidad o porque haya una situación caótica”, explica.

Sin dudas, todos tenemos miles de historias asociadas al fin de año, por eso no queremos cerrar este artículo sin antes darle paso al diálogo con ustedes. Cuéntenos ¿cómo piensan celebrar este 31? ¿qué valor tiene la familia en sus celebraciones y cuáles son sus principales tradiciones? Nosotros, desde ya, les estamos deseando “Muchas felicidades”.

Publicado en Cubahora

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